The remark casual en el desayuno, la broma en el coche, el comentario cortante tras una mala nota: muchos adultos aún pueden citarlos palabra por palabra. Los padres rara vez pretenden hacer daño, pero ciertas frases van erosionando en silencio la confianza de un niño, moldeando la manera en que se habla a sí mismo mucho después de irse de casa.
Palabras que se convierten en una voz interior
Los psicólogos suelen decir que la forma en que los padres hablan a sus hijos se convierte en la voz que esos hijos oyen en su propia cabeza. Esa voz interior puede sostenerles cuando se equivocan, o atacarles cuando intentan algo nuevo.
Cuando un padre etiqueta a un niño en lugar de a una conducta, el niño tiende a llevar esa etiqueta como una chapa identificativa hasta la vida adulta.
La investigación en desarrollo infantil muestra que los niños pequeños absorben el tono, el clima emocional y las frases repetidas, incluso cuando parecen distraídos o demasiado pequeños para entender cada palabra. Almacenan patrones de habla mucho antes de poder explicar lo que sienten.
Tres tipos de frases cotidianas son especialmente dañinas. Pueden parecer inofensivas en la superficie, a veces incluso amables. Sin embargo, siembran creencias profundas sobre la identidad, el amor y el valor personal.
Frase 1: convertir la conducta en identidad
De «has hecho una tontería» a «eres un fracaso»
Hay una gran diferencia entre criticar lo que un niño ha hecho y criticar quién es. Lo primero apunta a una acción; lo segundo ataca su carácter.
- «Eso ha sido descuidado» apunta a la elección.
- «Eres descuidado» apunta a la persona.
Con el tiempo, frases como «Eres un vago», «Eres egoísta» o «Eres un drama» pasan a formar parte de la definición que el niño tiene de sí mismo. Incluso si se dicen por frustración, envían un mensaje: esto es lo que eres, no lo que hiciste.
Las etiquetas basadas en la vergüenza enseñan a los niños que los errores revelan su verdadera naturaleza, en vez de ser partes normales del aprendizaje.
En la adultez, estas etiquetas tempranas tienden a reaparecer como autocrítica:
- Evitan proyectos nuevos en el trabajo porque «Soy desorganizado, la voy a liar».
- Se quedan en relaciones poco sanas porque «Soy demasiado necesitado; nadie más me querría».
- Piden perdón por existir en las reuniones porque «No valgo para liderar».
Qué decir en su lugar
El objetivo no es evitar la crítica; los niños necesitan límites y retroalimentación. La clave es separar al niño de la conducta.
| En lugar de decir | Prueba a decir |
|---|---|
| «Eres un irresponsable.» | «Dejarte los deberes en el cole ha sido una decisión irresponsable. ¿Cómo puedes solucionarlo la próxima vez?» |
| «Eres muy maleducado.» | «Ese comentario ha hecho daño. ¿Puedes intentar decir lo que sientes de forma respetuosa?» |
| «Eres imposible.» | «Esta conducta hace que nos resulte difícil colaborar. Vamos a buscar otra manera.» |
Este tipo de lenguaje dice: eres capaz de cambiar, y sigo viéndote como algo más que tu peor momento.
Frase 2: «Te quiero porque eres igual que yo»
Cuando la similitud suena a condición
A menudo los padres sienten un chispazo de orgullo cuando un hijo comparte sus pasiones, su estilo o su temperamento. Puede que digan, sonriendo: «Eres igual que yo; por eso te quiero tanto». Suena cariñoso. Para algunos niños, también suena a condición.
Cuando el amor se vincula demasiado a la similitud, los niños pueden temer que ser diferentes signifique ser menos queridos.
Un niño que oye elogios frecuentes solo cuando refleja a un progenitor puede aprender lecciones peligrosas:
- «Si me gusta algo distinto, les voy a decepcionar».
- «Si pienso diferente, estaré menos unido a ellos».
- «Valgo porque les reflejo, no por ser yo».
Esta presión no desaparece a los 18. Los adultos criados con este patrón pueden:
- Elegir carreras que encajan con el sueño de un padre, no con el suyo.
- Ocultar su sexualidad, creencias o intereses.
- Sentirse culpables por irse a vivir al extranjero, cambiar de religión o rechazar tradiciones familiares.
Qué decir en su lugar
Es bonito notar similitudes, pero nunca deberían sonar como el fundamento del afecto.
- «Me encanta que tu sentido del humor sea distinto al mío. Me haces ver las cosas de otra manera».
- «En esto no te pareces a mí, y eso me encanta. Quiero saber más».
- «Te voy a querer siempre, estemos de acuerdo o no».
Las frases que celebran deliberadamente la diferencia muestran a los niños que la individualidad fortalece -en lugar de amenazar- el vínculo familiar.
Frase 3: elogiar el resultado e ignorar el esfuerzo
Cuando «eres muy listo» se convierte en una trampa
A muchos padres les han dicho que refuercen la confianza con grandes halagos: «Eres un genio», «Eres el mejor de la clase», «Tienes un talento natural». La intención es apoyar. El efecto puede ser el contrario.
Los estudios sobre lo que los psicólogos llaman una «mentalidad fija» muestran que los niños elogiados principalmente por los resultados o por un talento innato suelen volverse menos resilientes. Empiezan a temer el fracaso, porque perder el primer puesto o equivocarse se siente como perder su identidad.
Cuando el éxito lo es todo, el fracaso se convierte en un veredicto sobre quién eres, no sobre lo que intentaste.
En cambio, los niños que reciben elogios por el esfuerzo, la estrategia y la perseverancia tienden a afrontar tareas más difíciles y a recuperarse más rápido de los tropiezos. Aprenden que las habilidades pueden crecer.
En qué centrarse en su lugar
Cambiar el foco del resultado al proceso puede transformar cómo se relacionan los niños con los retos:
- Sustituye «Eres muy listo» por «Te has esforzado en ese problema y has probado distintas formas hasta que te ha salido».
- Sustituye «Siempre ganas» por «Has seguido practicando, y ese entrenamiento está dando resultado».
- Sustituye «Eres artista por naturaleza» por «Has estado dibujando cada día; en tus dibujos se nota tu paciencia».
Incluso cuando un niño falla, puedes resaltar aspectos útiles de la experiencia:
- «No ha salido como esperabas. ¿Qué has aprendido sobre lo que probarás la próxima vez?».
- «Estoy orgulloso de que te arriesgaras e intentaras algo difícil».
Hábitos cotidianos que construyen una confianza duradera
Elogios específicos y sinceros
Los elogios genéricos pierden sentido rápidamente. Los niños notan cuando los adultos dicen «Muy bien» a todo. Los elogios concretos y ocasionales se sienten más auténticos y les ayudan a ver fortalezas reales.
- «Fuiste muy paciente cuando tu amigo estaba triste».
- «Seguiste intentándolo aunque el puzle te frustraba».
- «Escuchaste con atención antes de dar tu opinión».
La retroalimentación específica da a los niños un mapa claro de sus capacidades, en lugar de una nube vaga de «bueno» o «malo».
Ayudar a los niños a afrontar comentarios de fuera
Los padres no pueden controlar lo que dicen profesores, familiares u otros niños. Pero sí pueden preparar la respuesta de su hijo. Las conversaciones en casa pueden actuar como un colchón frente a comentarios duros en otros lugares.
Estrategias sencillas incluyen:
- Hacer juegos de roles con comentarios hirientes habituales y practicar respuestas firmes y calmadas.
- Hablar de cómo las palabras de otras personas a menudo reflejan sus propias dificultades, no el valor del niño.
- Hablar abiertamente de las diferencias de cuerpo, cultura, capacidad y personalidad como partes normales de la vida humana.
Escenarios que muestran el impacto a largo plazo
Escenario 1: el adulto «irresponsable»
Un niño oye a menudo «Eres un irresponsable» cuando se le olvidan las tareas de casa. De adolescente, interioriza la etiqueta y deja de intentar organizarse, diciéndoles a los profesores: «Yo soy así». En la treintena, evita ascensos que impliquen planificación porque está convencido de que fracasará.
Si en esos momentos tempranos hubiese escuchado en su lugar: «Ha sido una decisión irresponsable; vamos a practicar un sistema de recordatorios», podría haber aprendido habilidades en vez de vergüenza.
Escenario 2: la vida calcada
Una niña oye con frecuencia: «Eres igual que tu padre; tú también vas a ser médica, me encanta». En la veintena, se da cuenta de que odia la formación médica, pero se siente atrapada. Admitir que quiere otra carrera se siente como rechazar el amor de su padre. Se queda infeliz durante años antes de atreverse a cambiar de rumbo.
Las frases que separan el amor de la similitud dan a los niños más espacio para elegir su propia historia.
Términos clave que los padres suelen escuchar
Mentalidad de crecimiento
Esta expresión se refiere a la creencia de que las capacidades pueden desarrollarse con esfuerzo, retroalimentación y estrategias. Los niños con mentalidad de crecimiento ven los retos como oportunidades de mejorar, en lugar de pruebas de sus límites. Elogiar el esfuerzo y el proceso, no solo los resultados, ayuda a construir esta actitud.
Autocompasión
La autocompasión significa responder a los propios errores con comprensión en lugar de con un ataque duro hacia uno mismo. La manera en que los padres hablan a sus hijos durante el fracaso les enseña cómo hablarse a sí mismos después. Un tono calmado y respetuoso hace más fácil que se traten con amabilidad bajo presión.
Cada conversación corriente en una cocina o en el asiento de un coche puede convertirse en el guion con el que un niño se juzga a sí mismo décadas después.
Los padres no necesitan una formulación perfecta ni formación psicológica. Pequeños cambios constantes en el lenguaje -separar al niño de la conducta, valorar la diferencia y elogiar el esfuerzo- pueden reescribir poco a poco ese guion interior para mejor.
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