El radiador se enciende con un leve suspiro metálico, y miras el termostato como si fuera un gráfico de la bolsa. Fuera, el cielo está plano y gris, ese frío húmedo que se te mete en los huesos. Dentro, la pantalla marca 19 °C. Técnicamente, estás «haciendo lo correcto». La vieja regla. La que has visto en cada folleto oficial, en cada campaña de invierno sobre ahorrar energía, salvar el planeta y tu bolsillo.
Pero sigues con los pies helados. Tu hijo/a va por casa con una sudadera y una manta sobre los hombros. Tu pareja lo sube a escondidas y luego, con remordimiento, lo vuelve a bajar cuando se acuerda de la factura.
Todos hemos estado ahí: ese momento en el que la comodidad y la conciencia se ponen a discutir en el pasillo.
Y por eso, los expertos han ido cambiando el discurso, casi en silencio.
Por qué la famosa regla de los 19 °C se está quedando atrás
Durante años, los 19 °C se trataron como un número sagrado. La línea que no se debía cruzar, a no ser que quisieras asar osos polares y quemar tus ahorros de una sentada. Agencias energéticas, autoridades públicas e incluso ecoinfluencers lo repetían como un mantra.
Pero entra en cualquier salón real a las 19:00 de un día de enero y verás la realidad. Calcetines sobre el radiador. Mantas extra en el sofá. Gente encogida con una taza de té, mirando el móvil con tres capas de ropa. Los 19 °C pueden quedar bien sobre el papel, pero la vida diaria es más caótica que un folleto institucional.
Mira lo que ha pasado estos últimos inviernos. Los precios de la energía se dispararon, la gente bajó el termostato por miedo y, de repente, 18–19 °C se convirtieron en una especie de medalla moral. Algunas familias bajaron mucho más, sobre todo en casas antiguas que pierden calor como un colador.
Los servicios sanitarios de varios países europeos informaron de más problemas respiratorios y de un aumento del malestar en personas vulnerables. Mayores sentados en salones a 17 °C «para ahorrar», niños haciendo los deberes con los dedos entumecidos, adultos despertándose con opresión en el pecho por el aire frío y seco. Llega un punto en el que ahorrar cada grado empieza a costar otra cosa.
Los especialistas en física de la edificación y confort térmico hablan ahora mucho menos de un único «número mágico» y mucho más de rangos. Recuerdan que la comodidad depende de la humedad, el movimiento del aire, el nivel de actividad, la edad y el aislamiento.
Quien trabaja en silencio con el portátil no vive 19 °C igual que quien cocina o limpia. Además, una casa vieja y húmeda a 19 °C no se siente como un piso bien aislado a la misma temperatura. La famosa regla se quedó quieta mientras cambiaban nuestras casas, nuestras facturas y nuestras vidas.
Por eso muchos expertos empujan hoy hacia un objetivo ligeramente más cálido, pero más inteligente.
El nuevo rango de confort que realmente recomiendan los expertos
Los especialistas en calefacción y los expertos en salud coinciden ahora en una guía más flexible y honesta. Para las zonas de estar en las que pasas tiempo sentado/a, suelen recomendar un rango entre 19,5 y 21 °C, ajustado a tu vivienda y a tu cuerpo.
El punto dulce que se repite una y otra vez: alrededor de 20 °C para una vivienda moderna con un aislamiento decente, con valores algo más bajos para los dormitorios por la noche. Es un término medio que respeta el ahorro energético, pero reconoce que a la gente le gusta, en fin, sentirse realmente caliente.
Esto no significa poner los radiadores a tope hasta ir en camiseta en enero. Significa elegir una temperatura base realista que puedas mantener sin sufrir, y luego jugar con capas, zonificación y hábitos alrededor de esa base.
Imagínate esto: dos pisos, misma ciudad, misma temperatura exterior.
En el primero, el termostato está clavado en 19 °C porque «esa es la regla». Las ventanas dejan pasar corrientes, el suelo está frío y el sofá está cerca de una puerta de balcón mal sellada. La gente se sienta encogida, con las manos frías, y teme en silencio la ducha de la noche.
En el segundo, el termostato está en 20–20,5 °C en el salón y 18–19 °C en los dormitorios. Los propietarios sellaron las juntas principales de las ventanas, pusieron una alfombra gruesa y usan un termostato programable sencillo. Pagan algo parecido o incluso un poco menos que en el primer piso, no porque «sufran más», sino porque gestionan mejor el calor y desperdician menos.
Lo que los expertos están diciendo, entre líneas, es simple: un número sin contexto no sirve. La temperatura adecuada es aquella en la que tu cuerpo se relaja, en la que no estás temblando constantemente ni acalorándote, y en la que tu casa no se desangra energéticamente por cada rendija.
Detrás del nuevo rango hay una idea clave: el equilibrio térmico. Aire suficientemente cálido, pocas corrientes, humedad decente (en torno al 40–60 %) y ajustes estables a lo largo del día en lugar de ciclos brutales de encendido/apagado. Cuando esas piezas encajan, 20 °C puede resultar sorprendentemente acogedor.
Seamos sinceros: nadie lo hace perfecto todos los días. La mayoría hacemos malabares con radiadores viejos, agendas imposibles y consejos medio recordados de un primo que «entiende de calefacción». Por eso el siguiente paso no es una nueva regla, sino un método.
Cómo encontrar tu temperatura ideal «real» en casa
Empieza con una prueba sencilla durante tres o cuatro días. Elige una temperatura base dentro del rango recomendado: por ejemplo, 20 °C en el salón y 18 °C en los dormitorios. Mantenla estable, día y noche, sin estar toqueteando todo el rato.
Luego, en vez de mirar el termostato, escucha a tu cuerpo. ¿Tienes los pies fríos en el suelo? ¿Necesitas dos jerséis solo para sentarte a leer? ¿O, al contrario, te notas adormilado/a y cargado/a después de una hora?
Ajusta en pasos de 0,5 °C, no con saltos grandes. Anota el ajuste en el que te olvidas de la temperatura durante largos ratos. Ese momento en el que simplemente vives. Ese suele ser tu nivel real de confort, no el que aparece impreso en las campañas.
Un error común es intentar compensar una casa mal aislada subiendo cada vez más el termostato. El calor se escapa, la factura se dispara y la sensación de frío no desaparece. Otra trampa es la culpa: tiritar a 19 °C pero negarte a subirlo «porque deberías poder aguantarlo».
Hay una vía más tranquila. Trabaja en gestos pequeños y concretos que hagan más eficaz la temperatura que elijas. Sella las peores corrientes con burlete de espuma barato. Baja persianas y corre cortinas en cuanto anochezca. Ventila abriendo de par en par cinco minutos, en lugar de dejar una ventana entreabierta todo el día. No son arreglos glamourosos, pero cambian cómo se sienten 20 °C en tu cuerpo.
«La gente se aferra a la regla de los 19 °C como a una brújula moral», explica un ingeniero de edificación con el que hablé. «Pero el confort no va de virtud, va de equilibrio: la temperatura adecuada, en la habitación adecuada, en el momento adecuado. Para la mayoría de casas, eso es alrededor de 20 °C en las estancias de día, algo menos en dormitorios, y hábitos inteligentes alrededor.»
- Rango recomendado
En torno a 19,5–21 °C en salones, 17–19 °C en dormitorios, más bajo en habitaciones sin uso. - Ritmo diario
Mantén una base estable, con una bajada ligera de 1–2 °C por la noche o en ausencias largas, en lugar de apagarlo todo. - «Potenciadores» del hogar
Cortinas gruesas, alfombras en suelos fríos, ventanas selladas y puertas cerradas entre zonas calefactadas y no calefactadas. - Confort corporal
Calcetines calientes, un jersey ligero, una manta en el sofá: pequeñas capas que permiten mantener el termostato en un nivel razonable. - Seguimiento del consumo
Revisa una o dos facturas tras ajustar los valores; si has mejorado el confort y el consumo no se ha disparado, estás en el rango adecuado.
Una nueva forma de pensar el calor en casa
La era de un único número mágico en el termostato se está apagando. La conversación nueva es más personal, más honesta y, curiosamente, más tranquilizadora. En vez de preguntarse «¿Soy un buen ciudadano a 19 °C?», la gente empieza a preguntar «¿A qué temperatura me siento bien, sin derrochar?».
Eso puede significar 19,5 °C para un piso muy bien aislado, o 20,5 °C en una casa algo más antigua con un salón orientado al norte. Quizá mantengas el dormitorio un poco más fresco pero inviertas en un edredón mejor. Quizá aceptes que tu padre o tu madre mayor necesita un grado más y ahorres energía en otra parte.
Este invierno, el cambio real quizá no sea de 19 a 20 °C, sino de la culpa al ajuste. De las reglas rígidas a las experiencias compartidas: cómo se organiza la gente, qué funciona de verdad en casas reales, qué significa el confort cuando las facturas pesan y los cuerpos se cansan.
De pronto, el número del termostato deja de ser un veredicto y pasa a ser un punto de partida para hablar de cómo quieres vivir en tu propia casa.
| Punto clave | Detalle | Valor para el lector |
|---|---|---|
| Nuevo rango recomendado | En torno a 19,5–21 °C en zonas de estar, ~20 °C como referencia central | Ayuda a equilibrar el confort real con un uso razonable de energía |
| Contexto por encima del «número mágico» | El confort depende del aislamiento, la humedad, el nivel de actividad y el tipo de estancia | Permite adaptar el consejo a la casa real, no a un escenario ideal |
| Método paso a paso | Probar una temperatura base, ajustar de 0,5 °C en 0,5 °C y añadir mejoras sencillas en casa | Da una forma concreta de encontrar una temperatura ideal personal y controlar la factura |
FAQ:
- ¿Ahora los expertos consideran que 19 °C está «mal»?
No exactamente. 19 °C no está mal; simplemente ya no se ve como una regla universal. Para muchas personas en viviendas bien aisladas, 19 °C puede seguir funcionando, pero los especialistas hablan ahora de un rango en torno a 19,5–21 °C en lugar de un objetivo único y estricto.- ¿Qué temperatura interior recomiendan con más frecuencia ahora los expertos?
La mayoría de expertos en confort térmico y energía tienden a recomendar alrededor de 20 °C para salones y estancias principales, con valores algo más bajos para los dormitorios por la noche, en torno a 17–19 °C según tu confort y tu salud.- ¿Subir de 19 a 20 °C hará que se dispare la factura?
Subir el termostato 1 °C puede aumentar el consumo de calefacción en torno a un 7 % de media, según muchas agencias energéticas. Aun así, si mejoras el aislamiento y evitas pérdidas de calor, un pequeño aumento puede compensarse con una mejor eficiencia general.- ¿Es peligroso vivir en una casa por debajo de 19 °C?
Para adultos sanos, periodos cortos por debajo de 19 °C no son automáticamente peligrosos, pero el frío prolongado, sobre todo por debajo de 18 °C, puede ser arriesgado para mayores, bebés o personas con ciertas condiciones de salud. Puede agravar problemas respiratorios y cardiovasculares.- ¿Cómo sé si mi casa está demasiado fría, más allá del número del termostato?
Señales de alerta: temblores constantes pese a llevar ropa de abrigo, condensación o moho en paredes, ropa de cama fría y húmeda, y que personas mayores o frágiles se quejen de dolores o de estar «calados de frío». En ese caso, subir ligeramente la temperatura y mejorar el aislamiento se convierte en una medida de salud, no en un lujo.
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