Chinese researchers say they have successfully converted thorium into fissile uranium inside a molten salt reactor, reviving a Cold War–era idea that the West parked decades ago and putting fresh pressure on the future role of uranium in global nuclear power.
China convierte el torio en combustible dentro de un reactor de sales fundidas
El experimento se llevó a cabo en el Instituto de Física Aplicada de Shanghái, que forma parte de la Academia China de Ciencias. El montaje no se parece en nada a una central nuclear clásica. No hay cúpula de hormigón, ni una enorme nube de vapor, ni una sala de turbinas visible.
En su lugar, el núcleo del sistema es un circuito cerrado de tuberías en el que circula una mezcla de sales fundidas a unos 750 °C. El torio, un metal ligeramente radiactivo, se disuelve directamente en este líquido caliente y corrosivo. Cuando la sal atraviesa la zona rica en neutrones del reactor, algunos átomos de torio capturan neutrones y se transforman en uranio‑233, un isótopo fisible capaz de sostener una reacción en cadena.
Por primera vez, China informa de un funcionamiento en condiciones reales de un ciclo de combustible torio–uranio en un sistema de sales fundidas, sin depender de las varillas convencionales de combustible sólido de uranio.
El dispositivo actual no produce electricidad. El objetivo de la prueba en Shanghái era demostrar que el propio ciclo de combustible funciona en condiciones realistas, no solo en simulaciones o ensayos de laboratorio de corta duración. Los investigadores monitorizaron la composición de la sal y confirmaron la aparición de uranio‑233 en el circuito.
Si se escalara, este enfoque permitiría a los reactores aprovechar reservas de torio en lugar de depender del uranio extraído, lo que podría reconfigurar las cadenas globales de suministro de combustible a largo plazo.
Cómo funciona realmente este nuevo reactor chino
Un sistema nuclear sin vapor a alta presión
La característica técnica más llamativa es la ausencia de agua a presión. Las centrales nucleares convencionales calientan agua hasta unos 300 °C y la mantienen a aproximadamente 150 bares dentro de gruesos recipientes de acero y kilómetros de tuberías. Cualquier fisura o sobrecalentamiento puede hacer que el agua pase bruscamente a vapor, sometiendo el sistema a esfuerzos mecánicos y alimentando escenarios de accidente.
En un reactor de sales fundidas, el refrigerante y el combustible comparten el mismo medio: una mezcla de sales líquidas y calientes. Opera a alta temperatura pero casi a presión atmosférica. La sal no hierve en condiciones normales de funcionamiento. Si algo va mal y la sal se enfría, simplemente se solidifica formando una masa similar a una roca.
Los diseñadores incorporan una característica de seguridad pasiva conocida como “tapón de congelación” (freeze plug): un tramo de tubería que se mantiene frío para que la sal permanezca sólida. Si se pierde la alimentación eléctrica o el sistema se sobrecalienta, ese tapón se funde. Entonces, por gravedad, la sal fundida drena hacia un conjunto de tanques de almacenamiento subcríticos, donde se extiende y se enfría.
Sin agua a alta presión, sin un gran inventario de vapor y con un combustible que puede congelarse in situ, los escenarios de accidente son muy distintos a los de los reactores tradicionales.
Este enfoque pretende integrar la seguridad en la propia física de la planta, en lugar de añadir capas de sistemas de emergencia externos. El prototipo de Shanghái sigue siendo pequeño, pero aporta a China datos prácticos sobre corrosión, fiabilidad de bombas y control químico en tiempo real a 750 °C; cuestiones que frenaron programas occidentales hace décadas.
Una idea rescatada de los archivos de la Guerra Fría
Los reactores de sales fundidas no son una invención china. El concepto se remonta a trabajos de la década de 1960 en el Laboratorio Nacional de Oak Ridge, en Estados Unidos. Allí, un pequeño reactor experimental de sales fundidas funcionó durante varios años y demostró que los sistemas de combustible líquido podían ser estables y controlables.
Los ingenieros de la época ya sabían que el torio es entre tres y cuatro veces más abundante que el uranio en la corteza terrestre. También veían que un ciclo del torio podría generar menos residuos nucleares de vida larga.
Sin embargo, la tecnología no pasó de la fase experimental en Occidente. Durante la Guerra Fría, las prioridades nacionales se centraron en tipos de reactor que produjeran materiales adecuados para armas nucleares. El uranio‑235 y el plutonio‑239 eran los isótopos clave. Los sistemas basados en torio no generan de forma natural grandes cantidades de plutonio de grado militar, así que la financiación se desvió a otros ámbitos.
China está invirtiendo ahora esa lógica histórica. Su motivación es la seguridad energética y el apalancamiento tecnológico, no el plutonio militar. Pekín dispone de recursos significativos de torio, a menudo mezclados con yacimientos de tierras raras, y quiere una cadena industrial completa “de la mina al reactor” que controle de extremo a extremo.
Torio: el metal que China tiene en cantidades casi bochornosas
El torio, llamado así por el dios nórdico Thor, aparece como subproducto en minas de tierras raras. Durante años, la pujante industria china de tierras raras trató el polvo con torio como una molestia. Ahora ese residuo se parece más a un activo estratégico.
Una evaluación de 2025 del complejo minero de Bayan Obo, en Mongolia Interior, sugirió que solo sus escombreras podrían contener cerca de un millón de toneladas de torio. Incluso con tasas de quemado conservadoras, eso bastaría para alimentar una gran flota nuclear durante decenas de miles de años.
A escala mundial, las reservas conocidas de torio se estiman en torno a 14,6 millones de toneladas, frente a aproximadamente 6,4 millones de toneladas de uranio razonablemente extraíble. La distribución es muy desigual, como muestran los datos internacionales de recursos.
| País | Reservas de uranio (t) | % del U global | Recursos de torio (t) | % del Th global |
|---|---|---|---|---|
| Australia | 1.744.000 | 29,2% | 595.000 | 4,1% |
| India | 200.000 | 3,3% | 846.000 | 5,8% |
| Brasil | n/d | n/d | 632.000 | 4,3% |
| Estados Unidos | n/d | n/d | 595.000 | 4,1% |
| China | 170.000 | 2,8% | 100.000–1.000.000 | 1–7% |
| Otros países | 4.282.000 | 64,7% | 8.158.000 | 55,9% |
| Total | 6.396.000 | 100% | 14.600.000 | 100% |
Estas cifras apuntan a un futuro mercado energético muy distinto del comercio de uranio actual. Varios países con yacimientos modestos de uranio poseen importantes reservas de torio. Si la vía torio–sales fundidas llega a ser comercialmente viable, podría realinear alianzas de combustible y contratos a largo plazo.
El juego a largo plazo: el programa TMSR de China y su objetivo para 2035
Un impulso discreto durante una década
El impulso chino a las sales fundidas se estructura bajo el programa TMSR (por thorium molten salt reactor, reactor de sales fundidas de torio), lanzado en 2011. El avance ha sido metódico más que espectacular. Los ingenieros se centraron primero en encontrar aleaciones capaces de resistir sales calientes y corrosivas sin agrietarse ni lixiviar metales hacia el combustible. Después construyeron pequeños circuitos de prueba para ensayar bombas, válvulas y sensores a temperatura de operación.
En 2021, Pekín anunció la finalización de su primer reactor experimental de torio en el desierto del Gobi, en el norte de China. El resultado de conversión en Shanghái añade otra pieza: la prueba de que el ciclo de combustible de torio a uranio‑233 puede sostenerse en un circuito realista.
Los planes oficiales mencionan ahora una planta de demostración de 100 megavatios con objetivo alrededor de 2035. Seguiría siendo mucho más pequeña que un reactor moderno de escala gigavatio, pero lo bastante grande como para inyectar electricidad en una red regional o dar servicio a complejos industriales.
Calor para algo más que electricidad
La alta temperatura de operación de un reactor de sales fundidas abre puertas más allá del sector eléctrico. A unos 750 °C, el calor residual del reactor puede impulsar procesos químicos a los que las plantas de vapor de baja temperatura no llegan con eficiencia.
- Electrólisis de alta temperatura para producción de hidrógeno.
- Calor de proceso para plantas de acero, cemento y fertilizantes.
- Almacenamiento térmico en tanques de sales fundidas para equilibrar renovables.
Esto hace atractivos a los reactores de torio como columna vertebral de zonas industriales descarbonizadas. Una sola planta junto a un clúster industrial costero podría entregar tanto electricidad como calor de alta calidad, reduciendo la dependencia del gas y el carbón importados.
Qué significa esto para el uranio y para el riesgo nuclear
¿De verdad el torio “acabará” con el uranio?
Incluso los funcionarios chinos evitan afirmar que el torio vaya a borrar al uranio a corto plazo. El ciclo del torio es complejo. Sigue generando residuos radiactivos que requieren una gestión cuidadosa. Y la flota global de reactores existentes está construida en torno a combustible sólido de óxido de uranio. Esas plantas funcionarán durante décadas.
Donde el torio parece disruptivo es en la próxima generación de nuevas construcciones, especialmente en países que todavía no han consolidado una cadena de suministro de uranio. Si los sistemas de sales fundidas demuestran fiabilidad y competitividad, podrían limitar el crecimiento a largo plazo de la demanda de uranio y dar más poder de negociación a los estados con grandes yacimientos de torio.
El experimento de Shanghái indica que el uranio ya no mantiene un monopolio incontestado sobre el combustible nuclear para la segunda mitad de este siglo.
Los mineros de uranio y los fabricantes de combustible están observando de cerca. Algunos ya se están cubriendo invirtiendo en investigación sobre torio, mientras otros argumentan que los combustibles avanzados de uranio y los pequeños reactores modulares seguirán siendo más baratos y más fáciles de licenciar.
Perfil de riesgo: peligros diferentes, no peligros cero
Los reactores de sales fundidas evitan algunos modos de fallo que alimentan la imaginación pública, como explosiones de vapor a alta presión e incendios del revestimiento de circonio. El combustible líquido y los tanques de drenaje pasivo hacen mucho menos probable un escenario completo de “fusión del núcleo”.
Sin embargo, introducen nuevos retos. La sal es químicamente agresiva, por lo que la corrosión de tuberías y recipientes debe mantenerse bajo un control estricto. El reprocesamiento en línea del combustible, que elimina ciertos productos de fisión de la sal, añade una capa compleja de ingeniería química y una posible exposición para los trabajadores.
Los reguladores también tendrán que pensar detenidamente en los riesgos de proliferación. El uranio‑233 puede usarse en armas bajo ciertas condiciones, aunque sea menos directo que el plutonio‑239. Eso significa que seguirán siendo necesarias sólidas salvaguardias internacionales, especialmente si la tecnología del torio se extiende a regiones políticamente inestables.
Conceptos clave por los que los lectores preguntan una y otra vez
¿Qué es exactamente la sal fundida en este contexto?
La sal fundida en un reactor suele ser una mezcla de fluoruros, como el fluoruro de litio y el fluoruro de berilio, que se funden a temperaturas relativamente bajas y permanecen estables muy por encima de los 1.000 °C. Al calentarse hasta volverse líquidas, estas sales actúan como un aceite espeso y transparente que puede transportar calor con gran eficiencia.
El combustible -ya sea uranio o torio más sus productos de desintegración- se disuelve en la sal como iones, en lugar de estar en pastillas sólidas. Esto permite a los ingenieros “agitar” el combustible, medir su composición de forma continua y, en principio, añadir material fresco mientras el reactor está en marcha.
¿Cómo se convierte el torio en combustible si no es fisible?
El torio‑232 por sí mismo no puede sostener una reacción en cadena. Dentro del reactor, un núcleo de torio puede absorber un neutrón y convertirse en torio‑233. Este decae rápidamente a protactinio‑233 y luego a uranio‑233, que sí es fisible. En un reactor bien diseñado, ese uranio‑233 se fisiona al recibir neutrones, liberando energía y más neutrones, que a su vez convierten más torio. Por eso a los sistemas de torio se les suele llamar reactores “reproductores” o “convertidores”.
En las primeras etapas, los reactores necesitan una carga inicial de material fisible -normalmente uranio enriquecido o plutonio- hasta que se acumule suficiente uranio‑233 dentro de la sal como para sostener la reacción en gran medida por sí misma.
Qué viene después si China sigue por este camino
Si el demostrador de 100 megavatios cumple el objetivo de 2035, cabe esperar que China se mueva rápido para replicar el diseño. Una red de plantas compactas de torio podría combinarse con parques solares y eólicos, cubriendo huecos nocturnos o estacionales y amortizándose en parte mediante contratos de calor industrial.
Otros países se enfrentarán a una elección: licenciar diseños chinos, desarrollar sus propias variantes de sales fundidas, o redoblar la apuesta por reactores de uranio mejorados y proyectos de fusión. India, con vastos recursos de torio en sus costas, ya opera un programa separado que podría interactuar o competir con el enfoque de China.
Por ahora, el avance de Shanghái no cierra el capítulo del uranio. Hace algo más sutil: reabre una vía técnica que los gobiernos occidentales archivaron hace sesenta años y entrega el liderazgo temprano a un país asentado sobre enormes montones, antes ignorados, de polvo con contenido de torio.
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