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Es el momento ideal para sacar esquejes de higuera: cómo hacerlo en octubre.

Manos podando un pequeño tallo de planta en una maceta, con tijeras de podar azules.

La higuera al fondo del jardín parecía cansada este año. Las hojas amarilleaban por las puntas, los últimos higos se ablandaban demasiado rápido, y algunos secos se quedaban pegados como adornos navideños olvidados. Pasas junto a ella con una taza de café en la mano, con la luz de octubre ya más baja, y de repente te das cuenta: este árbol viejo te ha visto crecer en silencio, hacer barbacoas, discutir, reconciliarte y tender la colada a toda prisa antes de que lloviera.

Tocas una de las ramas y notas lo sólida que sigue estando.

El pensamiento aparece de la nada: ¿y si este árbol pudiera vivir en más de un lugar a la vez?

Por qué octubre es, discretamente, el mejor mes para hacer esquejes de higuera

Hay un momento a comienzos de otoño en el que el jardín suelta el aire. La prisa del verano -regar, entutorar, cosechar- ya ha pasado, pero el invierno todavía no ha cerrado la puerta del todo. Esa es la ventana que les encanta a las higueras.

En octubre, la savia empieza a ir más lenta dentro de las ramas. El crecimiento se pausa, la energía vuelve a la madera y el árbol pasa de producir higos a consolidar su estructura. Para los esquejes, eso es oro. La madera está madura, la planta está más calmada y todo se centra en sobrevivir más que en lucirse con la fruta.

No estás luchando contra un sol abrasador ni contra macetas recalentadas en la terraza. Estás trabajando con un árbol que, de forma natural, se está preparando para descansar.

Imagínate esto: un vecino te da tres palos de higuera, pelados, envueltos en papel de periódico húmedo, y te dice: «Plántalos en una maceta ahora y en unos años tendrás higos». Parecen muertos. Te olvidas de ellos en el cobertizo dos días, medio convencido de que no sirve de nada.

Luego, en algún momento a finales de primavera, pasas por delante de las macetas y ves una yema verde diminuta, brillante y valiente. Luego otra. Para el verano estás moviendo las macetas buscando la mejor luz, un poco alucinado de que aquellos «palos muertos» ahora sean pequeñas higueras con hojas.

Los foros de jardinería están llenos de historias así. Gente intercambiando esquejes por correo cada octubre, esperando meses a la primera señal de vida y luego publicando orgullosos fotos de sus «bebés higuera» como si fueran anuncios de nacimiento.

Hay una razón sencilla por la que octubre funciona tan bien. El suelo aún conserva bastante calor del verano, lo que favorece la emisión de nuevas raíces, mientras que el aire es más fresco, lo que reduce el estrés y la pérdida de agua en los esquejes. La energía de la planta va hacia abajo, a construir raíces, no hacia arriba, a hojas y fruta.

Los esquejes de primavera pueden funcionar, pero compiten con yemas que estallan y savia en ascenso. Los esquejes de verano a menudo se secan o se pudren.

Octubre está en ese bolsillo dulce y silencioso en el que la naturaleza pulsa pausa el tiempo justo para que una rama piense: «Vale, vamos a empezar un árbol nuevo».

Cómo sacar esquejes de higuera en octubre sin darle demasiadas vueltas

Acércate a tu higuera en un día seco. Elige una rama que haya crecido este año, de un grosor parecido al de tu dedo índice, marrón y leñosa, no verde y flexible. Con unas tijeras de podar limpias y afiladas, corta un trozo de unos 20–25 cm, justo por debajo de un nudo (ese pequeño bulto donde antes crecía una hoja).

De ese trozo largo, normalmente puedes sacar dos o tres esquejes. Cada uno debería tener al menos tres nudos. Corta la base de cada esqueje recta, justo por debajo de un nudo, y la parte superior en un ángulo ligero por encima de un nudo para que sepas qué extremo es cuál. No necesitas equipo sofisticado. Una maceta, un buen sustrato y un poco de atención bastan.

La mayoría de la gente pierde los esquejes no porque «no tenga mano con las plantas», sino porque se apresura o trastea demasiado. No hace falta añadir diez productos ni revisar la maceta cada hora.

Llena una maceta profunda con una mezcla de sustrato y arena gruesa o perlita: algo que drene bien pero que no se seque en una tarde. Inserta cada esqueje de forma que al menos dos nudos queden bajo la superficie y uno se quede fuera. Presiona la tierra suavemente, riega una vez y luego coloca la maceta junto a una pared resguardada o en un invernadero frío.

Seamos sinceros: nadie hace esto todos y cada uno de los días. Te olvidarás de ellos durante semanas, quizá meses, y a menudo eso es lo que los salva de un exceso de riego.

A veces la mejor jardinería es la que haces lo justo… y luego te apartas.

Pon una etiqueta en la maceta con la variedad y la fecha. Tu yo del futuro se lo agradecerá al yo del presente, porque dentro de tres años todas las higueras se parecen misteriosamente entre sí.

Puedes aumentar tus probabilidades con unos cuantos hábitos sencillos:

  • Usa solo madera sana: nada de ramas agrietadas, enfermas o blandas.
  • Mantén el sustrato ligeramente húmedo, nunca encharcado, para evitar la pudrición.
  • Coloca la maceta donde reciba luz, pero no sol fuerte del mediodía.
  • Agrupa varios esquejes en una maceta grande para que el sustrato se mantenga más estable.
  • Resiste la tentación de tirar de los esquejes para «comprobar» si tienen raíces; espera a que las hojas te lo digan.

Esos pequeños ajustes suelen decidir si acabas con un mini huerto que prospera o con una maceta de palos tristes y ennegrecidos.

Lo que de verdad te dan los esquejes de higuera en octubre

Hay algo discretamente adictivo en clonar un árbol que te gusta. No solo estás propagando una planta: estás multiplicando un momento. ¿Los higos que te comías directamente del árbol a finales de agosto? Un día aparecerán en una rama nueva que tú mismo enraizaste, en otra esquina del jardín o quizá incluso en un balcón a kilómetros de distancia.

Empiezas a ver el jardín menos como una imagen terminada y más como una historia que sigue ramificándose. Un árbol viejo puede convertirse en tres, cinco, diez. Un esqueje que le das a un amigo viaja con tus recuerdos incorporados. Algún día morderán una fruta y dirán: «Esto viene de tu jardín».

También te das cuenta de que la propagación es su propia y tranquila rebelión contra los hábitos de usar y tirar. En vez de comprar una planta nueva cada temporada, aprendes a trabajar con lo que ya tienes. Observas qué variedades maduran antes, cuáles aguantan el frío, cuáles se mantienen dulces incluso en un verano lluvioso. Esas son las higueras que copias.

La curva de aprendizaje es lenta, pero amable. Algunos esquejes fallarán. Otros se quedarán parados un año y de pronto explotarán de crecimiento. Empiezas a leer esos estados de ánimo en la madera y la corteza, y resulta extrañamente parecido a conocer a la gente.

Octubre, con su sol bajo y su suelo blando, es el momento que te invita a intentarlo. No hace falta un gran plan ni un jardín perfecto. Un puñado de palos de higuera en una maceta junto a una pared basta para empezar a reescribir cómo cultivas.

Puede que dentro de cinco años tengas una fila entera de higueras bordeando un camino. O un solo árbol en una maceta en una escalera de incendios, podado con fuerza pero fructificando fielmente. O le darás un esqueje enraizado a alguien que nunca ha comido un higo templado por el sol, y verás su cara cuando por fin lo haga.

Ese pequeño gesto de octubre llega mucho más lejos de lo que parece el día en que haces el primer corte en la madera.

Punto clave Detalle Valor para el lector
Mejor momento Octubre, cuando el crecimiento se frena pero el suelo aún está templado Mayor tasa de éxito con menos estrés para la planta
Técnica de esquejado Usa crecimiento leñoso de este año, 20–25 cm, 3+ nudos Método claro y fácil de repetir cada otoño
Cuidados tras plantar Sustrato con buen drenaje, semisombra, riego mínimo Reduce la podredumbre, favorece una formación de raíces fuerte

Preguntas frecuentes (FAQ)

  • ¿Puedo seguir sacando esquejes de higuera si mi árbol tiene hojas?
    Sí. En octubre muchas higueras aún conservan parte del follaje. Mientras la madera sea marrón y firme, puedes sacar esquejes. Solo quita las hojas que queden para que el esqueje se centre en las raíces y no en mantener hojas.

  • ¿Necesito hormona de enraizamiento para los esquejes de higuera?
    Puedes usar hormona de enraizamiento, pero las higueras enraízan con ganas de forma natural. Una buena higiene, el sustrato adecuado y una humedad estable suelen importar más que los polvos de hormona para jardineros domésticos.

  • ¿Cuánto tardan en enraizar los esquejes de higuera?
    A menudo las raíces empiezan a formarse en 4–8 semanas, ocultas en el sustrato. El crecimiento visible por encima puede no aparecer hasta finales de primavera. No te asustes si los esquejes parecen sin vida durante meses: las higueras despiertan a su propio ritmo.

  • ¿Puedo enraizar esquejes de higuera directamente en el suelo?
    Sí, en climas suaves. Plántalos en un lugar resguardado y con buen drenaje, enterrando dos nudos. En zonas más frías, es más seguro empezar en macetas que puedas mover a cubierto si las heladas se vuelven intensas.

  • ¿Cuándo empezarán los esquejes a dar higos?
    De media, un esqueje de higuera bien enraizado producirá sus primeros frutos en 2–3 años, y alcanzará una producción generosa a partir del año 4 o 5. Buena luz, un contenedor lo bastante grande o suelo directo, y una poda ligera aceleran el proceso.

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