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Los psicólogos explican por qué recuperarse emocionalmente rara vez es un proceso lineal.

Persona sentada en alfombra dibujando líneas en cuaderno, rodeada de piedras, reloj de arena, planta y taza humeante.

La mujer frente al espejo del despacho del psicólogo se limpia la máscara de pestañas por tercera vez. «Ayer estaba bien», murmura, mirando la línea roja de sus ojos. «¿Por qué vuelvo a estar tan triste?» Su móvil vibra con un mensaje de una amiga: «¿No dijiste que estabas mejor?» Duda y luego teclea una mentira: «Sí, ya todo bien». En la silla detrás de ella, una chaqueta doblada con cuidado, un currículum, una vida a la que intenta volver. Dentro del pecho, caos.
Nos venden la idea de que sanar avanza en una diagonal recta: bajas en el dolor y luego subes de forma constante.
Pero los psicólogos dicen que la gráfica real se parece más a un monitor cardíaco en un día estresante.

Por qué tus emociones siguen «yendo hacia atrás» incluso cuando estás sanando

Deslízate por las redes sociales y verás esos posts de antes/después: rota un año, radiante y curada al siguiente. Son reconfortantes, pero también silenciosamente brutales. Porque nos enseñan que un mal día significa fracaso, recaída, debilidad. En las consultas, los psicólogos ven lo contrario. La gente llora desconsoladamente en la sesión tres, se ríe en la sesión cuatro y luego se siente entumecida y vacía en la sesión cinco.
Desde fuera parece que van a peor.
Desde dentro, algo profundo se está reorganizando.

Pensemos en Leo, 34 años, que empezó terapia tras una ruptura complicada. El primer mes lloraba cada semana. El segundo mes le iba «genial»: salía, entrenaba, subía historias alegres. Y entonces, un martes cualquiera, haciendo la compra, sonó una canción de la lista de reproducción de la relación. Se quedó paralizado en el pasillo de los cereales, con las manos temblando sobre una caja de avena, la respiración detenida a medias. Esa noche le escribió a su terapeuta: «Supongo que he vuelto a la casilla de salida».
No era así. Su cerebro simplemente había activado un cable trampa de la memoria que llevaba semanas sin saltar.

Los psicólogos describen la recuperación emocional como un proceso de bucles, no de peldaños. El cerebro no archiva el dolor con un gesto limpio y definitivo. Lo revisita, lo reordena, lo actualiza con nuevas experiencias. Cada «retroceso» es la mente comprobando: «¿Sigue siendo peligroso? ¿Seguimos necesitando este nivel de alarma?»
Así que puedes sentirte bien hasta que un olor, una calle o una canción abre de golpe un cajón.
La sensación parece tan intensa como el primer día, y sin embargo algo sutil ha cambiado: ahora puedes observarla, hablar de ella, nombrarla. Esa diferencia es invisible desde fuera, pero es exactamente de lo que está hecha la sanación.

Cómo caminar por un camino torcido sin culparte

Los psicólogos suelen sugerir un gesto simple: registrar tus olas emocionales en lugar de evaluarlas. No un diario rígido del estado de ánimo con diez colores y pegatinas. Solo una pregunta diaria como: «¿Dónde estoy hoy entre -5 y +5?», escrita en una app de notas o en un ticket. A lo largo de un mes, la gráfica rara vez dibuja una subida limpia. Se convierte en un zigzag desordenado con pequeños desplazamientos hacia arriba.
Ver ese patrón en papel calma al juez interno que grita: «Has vuelto al principio».
Puedes señalarlo literalmente y decir: «No, ya he estado aquí antes y he salido de esto».

La mayor trampa que los psicólogos detectan es la comparación. Comparar tu tristeza del martes con la energía de la semana pasada. Comparar tu ruptura con la de tu amiga que «pasó página en tres meses». Comparar tu duelo con la resiliencia silenciosa de otra persona. Esa comparación convierte cada bajón en un veredicto. En cambio, los terapeutas invitan a comparar una sola cosa: tu yo de hoy con tu yo del año pasado.
Seamos sinceros: nadie hace esto todos los días, sin excepción.
Pero las pocas veces que lo haces, a menudo notas que reaccionas un poco más rápido, pides apoyo un poco antes, te quedas un poco menos en la cama.

Otro error recurrente es forzar la productividad como prueba de avance. La gente ordena armarios, se sobrecarga de trabajo, inicia tres proyectos paralelos solo para demostrarse a sí misma que «ya lo superó». Luego llega un día bajo y la casa está impecable, pero el corazón pesa. Un psicólogo con el que hablé me dijo:

«El progreso no es que nunca te estampes. El progreso es que sabes dónde están los cojines blandos cuando ocurre».

Por eso sugieren construir un pequeño «kit para recaídas», no en el sentido de la adicción, sino en el sentido de la montaña rusa humana:

  • Una lista corta de personas a las que puedes escribir sin tener que explicar toda la historia
  • Dos o tres actividades que calmen tu sistema nervioso, no tu imagen (pasear, ducharte, música, tejer)
  • Una frase para leer cuando llegue la vergüenza, como: El bajón de hoy no anula el crecimiento de ayer

Este tipo de kit no evita las olas. Solo impide que te traguen entero.

La extraña libertad de aceptar que te tambalearás

Hay un cambio silencioso que ocurre cuando dejas de esperar una recuperación en línea recta. Los días malos dejan de sentirse como auditorías y empiezan a sentirse como el tiempo: siguen calándote, sigues teniendo frío, sigues molesto, pero te sientes menos personalmente ofendido por la lluvia. Los psicólogos hablan de «elasticidad emocional»: la capacidad de doblarte ante una emoción sin asumir que te vas a romper. Esa elasticidad crece cada vez que te tambaleas y vuelves, aunque sea un poco.
Empiezas a reconocer patrones: «Ah, el bajón del domingo por la tarde», «El dolor del cumpleaños», «La niebla post-terapia».
Ponerles nombre convierte a los monstruos en visitantes programados.

Lo que a menudo sorprende a la gente es que aceptar el camino no lineal no significa rendirse. Abre espacio para esperanzas pequeñas y realistas. Empiezas a celebrar victorias diminutas, casi invisibles: responder a un mensaje que habrías ignorado, comer algo cuando no hay apetito, ir a trabajar con el 60% de tu energía habitual. No son esas victorias triunfales y radiantes de mañana luminosa que vemos online. Son silenciosas, domésticas, casi aburridas.
Y aun así, ahí es donde la mayoría de los psicólogos dicen que vive la recuperación real.
Entre los grandes derrumbes y los grandes avances, en ese término medio irregular, reconstruyes poco a poco una vida que de verdad puedes habitar.

En algún momento, te das cuenta de que tu próxima tormenta emocional resulta extrañamente familiar. Conoces la banda sonora, las sensaciones corporales, la historia que tu mente intenta hilar. Te asusta menos, no porque duela menos, sino porque ya has sobrevivido a versiones de ella antes. Esa es la verdad llana que los psicólogos repiten a quien quiera escuchar: la recuperación emocional rara vez es lineal, pero se puede aprender. Y cuando ves tu sanación como una espiral en lugar de una escalera, quizá dejes de preguntarte: «¿Por qué no lo he superado ya?» y empieces a hacerte una pregunta más suave y más valiente: «¿En quién me estoy convirtiendo cada vez que vuelvo de esto?»

Punto clave Detalle Valor para el lector
La recuperación es un zigzag Las emociones mejoran, bajan y luego vuelven a subir en bucles Reduce la vergüenza por los «retrocesos» y los días malos
Registra, no juzgues Chequeos diarios simples del 0 al 10 muestran el progreso a largo plazo Aporta una prueba visual de que no has «vuelto a cero» de verdad
Prepárate para los tambaleos Usa un pequeño «kit para recaídas» con personas, actividades y frases Ayuda a atravesar tormentas emocionales con menos pánico y autoinculpación

Preguntas frecuentes (FAQ)

  • Pregunta 1 ¿Por qué siento que estoy empeorando justo cuando la terapia empieza a «funcionar»?
  • Pregunta 2 ¿Cómo puedo distinguir entre un bajón emocional normal y una recaída real?
  • Pregunta 3 ¿Es normal echar de menos a la persona o la situación que me hizo daño mientras me estoy recuperando de ello?
  • Pregunta 4 ¿Qué puedo hacer en los días en los que mis herramientas de afrontamiento de repente dejan de funcionar?
  • Pregunta 5 ¿Cómo apoyo a un ser querido cuyo proceso de sanación parece inconsistente y confuso?

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