Otros siguen sorprendiendo a todos los que les rodean, mucho después de que termine la fiesta de jubilación.
Entre los 65 y los 80, se supone que la vida debe ir más despacio. Sin embargo, un número creciente de personas mayores está reescribiendo discretamente ese guion, manteniéndose activas, curiosas y profundamente implicadas en sus comunidades. Si todavía haces las siguientes nueve cosas en esa franja de edad, no es que simplemente “lo estés llevando bien para tu edad”: formas parte de un grupo pequeño pero poderoso que está cambiando lo que significa vivir la última etapa de la vida.
La edad es solo un número… hasta que deja de serlo
Después de los 65, las estadísticas de salud y las normas sobre pensiones empiezan a pesar más, pero no lo cuentan todo. Lo que realmente llama la atención es lo diferente que vive la gente esos años.
Dos personas pueden tener la misma edad sobre el papel y estar a años luz en energía, mentalidad y vida cotidiana.
Los investigadores hablan cada vez menos de “vejez” y más de “edad funcional”: cómo vives, te mueves y piensas en realidad. Los hábitos que mantienes entre los 65 y los 80 dicen mucho sobre eso. En muchos casos, importan más que la genética.
Qué hace de alguien una rareza valiosa en la última etapa de la vida
Ser excepcional en esta etapa no consiste en escalar montañas ni en hacerse viral en redes sociales. Consiste en decisiones cotidianas que revelan flexibilidad mental, profundidad emocional y una negativa a empequeñecer la vida solo porque el calendario avanza.
Aquí tienes nueve cosas que, si todavía las haces entre los 65 y los 80, te señalan como alguien especial: para tu familia, tus amistades y, sinceramente, también para los expertos en salud pública.
1) Decir sí al cambio en lugar de aferrarte al pasado
Los seres humanos somos criaturas de hábitos, y esa inercia puede sentirse aún más fuerte con la edad. Aun así, algunas personas mayores siguen diciendo que sí a lo nuevo: un smartphone, una norma social que no vivieron en su juventud, una cocina diferente, una nueva forma de pagar las facturas.
Elegir seguir sintiendo curiosidad por el cambio mantiene tu mente en movimiento, no solo tus recuerdos.
Investigadores de la UCLA han demostrado que la “curiosidad específica” -el impulso de comprender algo desconocido- a menudo aumenta en etapas posteriores de la vida. Quienes se apoyan en esa curiosidad se adaptan mejor, afrontan con más facilidad las pérdidas o los cambios de salud y tienden a sentirse más dueños de su vida.
Pequeñas maneras de seguir abrazando el cambio
- Probar una nueva app de transporte público en lugar de pedir a otra persona que lo reserve todo
- Apuntarte a un curso local aunque seas la persona de más edad en la sala
- Matizar opiniones muy arraigadas tras escuchar a generaciones más jóvenes
Nada de esto exige convertirte en otra persona. Simplemente significa mantenerte abierto a la idea de que la vida aún puede sorprenderte.
2) Mover el cuerpo, incluso cuando nadie te mira
El estereotipo de la jubilación es un sillón y el mando a distancia. La realidad, para las personas mayores más saludables, es muy distinta.
La actividad regular -caminar, jardinería, tai chi, entrenamiento de fuerza ligero- ayuda a que las articulaciones funcionen, a mantener más baja la presión arterial y a tener la mente más despierta. Un estudio en la revista GeroScience halló que hacer entrenamiento de fuerza dos veces por semana mejoró la memoria y redujo el riesgo de demencia, incluso en personas que empezaban tarde.
Estar activo a los 70 no significa correr maratones; significa negarte a que el sofá gane cada día.
Tres hábitos realistas de movimiento entre los 65 y los 80
| Hábito | Frecuencia | Beneficio principal |
|---|---|---|
| Caminata rápida de 30 minutos | La mayoría de los días | Salud cardiovascular, mejora del ánimo |
| Fuerza ligera (bandas o pesas) | 2 veces por semana | Masa muscular, prevención de caídas |
| Clase de equilibrio o flexibilidad (yoga, tai chi) | 1–2 veces por semana | Estabilidad, confianza al moverse |
Los médicos lo repiten una y otra vez: el mejor ejercicio es el que de verdad vas a mantener. Si sigues moviéndote con regularidad cerca de los 80, no es solo suerte: estás haciendo el trabajo.
3) Seguir con ganas de aprender, no solo de recordar
Una de las señales más claras de alguien excepcional entre los 65 y los 80 es que no se limita a hablar del pasado. Sigue incorporando habilidades, ideas e intereses nuevos.
La neurociencia lo respalda. El cerebro mantiene la capacidad de formar nuevas conexiones durante toda la vida, gracias a un mecanismo conocido como neuroplasticidad. Aprender un idioma, enfrentarse a un instrumento musical o empezar una nueva manualidad envía un mensaje claro al cerebro: mantente adaptable.
Aprender una habilidad nueva a los 75 tiene menos que ver con el talento y más con negarse silenciosamente a dejarse llevar.
Quienes siguen aprendiendo suelen reportar mejor memoria, mayor capacidad de concentración y un sentido más profundo de propósito. También tienden a manejar la tecnología digital con más independencia, lo que preserva su autonomía.
4) Mantenerte conectado socialmente en lugar de deslizarte hacia el aislamiento
Tras la jubilación, algunos círculos sociales se encogen casi de la noche a la mañana. Los compañeros desaparecen, las rutinas cambian, la familia se muda. Quienes prosperan hacen un esfuerzo consciente por construir conexiones nuevas y cuidar las antiguas.
El prolongado Harvard Study of Adult Development ha mostrado repetidamente que la calidad de las relaciones es uno de los predictores más fuertes de longevidad y satisfacción vital, muy por encima de los ingresos o la fama.
Un café con un vecino puede proteger tu salud tanto como un suplemento bien elegido.
Las personas mayores socialmente activas hacen voluntariado, se apuntan a clubs, escriben a sus amistades, charlan con el cajero y siguen yendo a eventos comunitarios. Estos actos, aparentemente pequeños, ahuyentan la soledad y la depresión, ambas vinculadas a mayores tasas de enfermedad física.
5) Aferrarte a una pasión, no solo matar el tiempo
La jubilación puede sentirse como una página en blanco. Algunas personas la llenan de televisión. Otras la vuelcan en pasiones antiguas o nuevas: restaurar coches clásicos, observar aves, pintar, teatro aficionado, pescar al amanecer, tejer patrones complejos, escribir memorias.
Los psicólogos señalan que las aficiones que enganchan construyen lo que llaman “flow”: ese estado inmersivo en el que el tiempo desaparece y el mundo exterior se silencia. Quienes experimentan flow con frecuencia informan de mayor felicidad y mejor resiliencia emocional.
Una pasión de verdad no tiene que dar dinero ni aplausos; solo tiene que hacer que se te olvide mirar el reloj.
Mantener viva una pasión entre los 65 y los 80 suele significar que todavía tienes algo que esperar cada semana que no sea una cita médica.
6) Hacer de mentor en lugar de retirarte del todo
Cuando llegas a finales de los 60 o a los 70, probablemente has visto tendencias aparecer y desaparecer, carreras triunfar y fracasar, relaciones empezar y terminar. Convertir esa experiencia vivida en apoyo para otros es una señal silenciosa de grandeza.
Ser mentor no requiere un programa formal. Puede ser tan sencillo como guiar a un nieto en su primera búsqueda de empleo, aconsejar a un vecino que lo está pasando mal, ayudar a un antiguo compañero joven que te llama para pedir perspectiva, o hablar de vez en cuando en un colegio o un grupo comunitario.
Compartir lo aprendido convierte los años en legado, no solo en recuerdos.
Los mentores mayores también se benefician: se mantienen cognitivamente activos, se sienten útiles y conectados, y conservan una identidad que va más allá de “persona jubilada”.
7) Practicar el autocuidado sin culpa
Muchas personas de la franja 65–80 han pasado décadas poniendo a los demás por delante: hijos, parejas, empleadores, padres envejecidos. Reorientar parte de ese cuidado hacia uno mismo puede resultar extraño, incluso egoísta.
En realidad, el autocuidado regular está fuertemente vinculado a seguir siendo independiente. La investigación en personas mayores muestra que atender las necesidades físicas, emocionales, sociales y espirituales mejora de forma notable el bienestar general en quienes viven solos.
El autocuidado no es un capricho; es el mantenimiento del único cuerpo y mente que tienes.
Eso puede significar acudir a tiempo al médico de cabecera en lugar de “aguantar a ver si se pasa”, priorizar el sueño, decir no a compromisos sociales que desgastan o reservar una hora tranquila con un libro en vez de estar siempre disponible.
8) Elegir una actitud positiva sin ignorar la realidad
A los 70, casi todo el mundo tiene una historia de pérdida, enfermedad o decepción. Lo raro es reconocerlo y, aun así, encontrar motivos para levantarse cada mañana con un pequeño trozo de esperanza.
Los estudios vinculan una visión generalmente optimista con mejor función inmunitaria, menores niveles de inflamación crónica y mayor esperanza de vida. La positividad aquí no consiste en fingir que todo está bien. Consiste en creer que algunas cosas todavía pueden ir bien.
Un optimismo sereno y realista en la última etapa de la vida puede parecer casi radical en una cultura que espera el declive.
Quienes tienen esta mentalidad suelen centrarse en lo que pueden controlar: lo que comen, a quién llaman, cómo se hablan a sí mismos, los pequeños placeres que notan cada día.
9) Liderar con amabilidad y compasión silenciosa
Pregunta a la gente qué recuerda de un familiar mayor, y rara vez hablarán de cargos o títulos. Hablan de calidez, paciencia, de cómo esa persona hacía que los demás se sintieran seguros y vistos.
Entre los 65 y los 80, seguir ofreciendo amabilidad -a la familia, a quienes cuidan, a desconocidos- requiere esfuerzo. Hay menos energía, la paciencia se pone a prueba y algunos días duelen más que otros. Precisamente por eso destacan quienes siguen mostrando compasión.
Una palabra suave de alguien que ha visto mucho tiene un peso que ninguna frase motivacional puede igualar.
Estos gestos pueden parecer pequeños: interesarse por un vecino, escuchar sin interrumpir, ofrecer ayuda práctica en lugar de crítica. Con el tiempo, moldean familias y comunidades más que cualquier gran discurso.
Cómo funcionan juntos estos hábitos
Cada uno de estos nueve comportamientos tiene sus propios beneficios, pero rara vez aparecen por separado. Quien se mantiene socialmente activo suele ser también más activo físicamente. Una persona que sigue aprendiendo puede adaptarse mejor al cambio y usar la tecnología para mantener conexiones.
Los investigadores lo llaman “efecto acumulativo”: cuántos más hábitos protectores sumas, más se refuerzan entre sí. Una clase semanal de ejercicio puede mejorar el equilibrio, pero también puede darte nuevas amistades, más confianza y un motivo para mirar con más optimismo la semana que empieza.
Si aún no estás ahí
Muchas personas en sus 40 o 50 se preguntan en silencio: ¿envejeceré así o me apagaré? La buena noticia desde la gerontología -el estudio del envejecimiento- es que pequeños cambios hoy aumentan tus probabilidades de forma notable.
Elegir un área en la que trabajar, como empezar una rutina sencilla de caminatas o unirte a un grupo local, cambia tu trayectoria. Con el tiempo, esa decisión hace más fáciles otros hábitos: quizá duermas mejor, te sientas con más confianza para probar algo nuevo o encuentres a alguien que más adelante se convierta en tu mentor o en tu aprendiz.
Envejecer bien resulta ser menos cuestión de una reinvención dramática y más de estos actos cotidianos de valentía: decir sí, estar presente, ser amable y negarte a empequeñecer tu vida antes de que sea necesario.
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